Sueño con despertar a tiempo, a tu tiempo, justo en el minuto en el que suena tu despertador, no, mejor dos horas antes, tiempo suficiente para irte a buscar, ser yo quien te despierte con mis labios.
Sueño con no dormir en lo absoluto, velar el sueño de la mujer que danza en abril bajo las lunas de octubre.
Sueño con un abismo profundo pero no inagotable.
Sueño contigo.
Sueño.
Sueño con una mujer que dude de todo, hasta de su propia existencia para llenarla con mi incertidumbre.
Sueño nube rosa varada en mi ventana para cuando acordarme quiera de los atardeceres que en todas partes he visto.
Sueño ser el dueño del aire para no amarrarle nunca y aún llevarlo conmigo a todas partes, como a ti sí así lo permites tú. Si me permites ser de tus labios dueño... yo, sueño.
Sueño... ser tu oscura y verde realidad
martes, 11 de agosto de 2009
jueves, 6 de agosto de 2009
Envuelto en tus manos
Desvístete, dice ella. Comienzo con la playera, pero antes de llegar al pantalón ella se ha ido; lo dejo caer, luego los boxers, no me contemplo, tomo la ropa y la doblo perfectamente, casi preparándome para un ritual. Casi porque los boxers no reciben este tratamiento, caen doblados hacia afuera rompiendo la cuadratura de mis otras prendas. Me recuesto dentro de la cama de masaje, espero un poco, mi ansiedad a manera de incienso se consume, deja un rastro perceptible, casi invisible, audible sólo en mi respiración.
Ella llega y con ella la música, sus palabras se funden en el aire mientras que posa sus manos sobre mi espalda baja, mueren mil aves negras en el instante en que me indica que este masaje no está destinado al dolor. Nacen millones multicolores al primer contacto de sus yemas con mis piernas. Maternalmente me descubre un fragmento de mi velado cuerpo y lo toca, no, error, Mariana no toca, interpreta mi piel, presiona gentilmente las cuerdas de mi cuerpo tensando y destensando, una a una, las hace vibrar sutilmente; música de iglesia de pueblo, menos barroca que la de catedral, sencilla y por tanto más hermosa, escuchada por tan pocos, que quizás sea más especial.
Mi cuerpo es el arpa en el que ella deposita sus melancolías con fuerza, pero nunca con desdén. Es su masaje arte plasmado en los resquicios de mi más intima soledad, ahí donde hace veintidós años nadie pulsaba, o al menos no con la precisión del relojero y el frenesí del loco que a ella le acompañan.
No es un masaje erótico pero despierta placeres recónditos que en nada se vinculan con el sexo, cada fibra danza al distenderse de la contigua, danza y se estira despertando de su letargo. Baja el zipper de mi piel, la pone a tender y le pregunta a mis músculos ¿cómo es que por tanto tiempo se han olvidado de ti? No hay justicia en esto, agrega mientras los besa con sus palmas amorosamente.
No sé cómo ni cuándo, (ya que el tiempo no tiene sentido cuando el amor hacen a tus pies, tobillos, muslos, rodillas y entrepiernas), de pronto se encuentra sobre mis nalgas, las cuales se postran ante la diosa que desde los cielos con su dedo pinta atardeceres. Jardinera que arranca la malahierba y siembra sobre los ríos de articulaciones lirios que nadando vayan portando el mensaje de su paz. Masajista alfarera, anciana doña rosa de Oaxaca que con tus manos rebosantes de barro y sin torno me tomas de la tierra y por tus esfuerzos cobro vida nuevamente. Me moldeas, pules, sacas brillo de mi piel seca, me haces olla artesanal, regalas contornos, dibujas flores, tallas y presionas con tus falanges que irradian la sabiduría de tus ancestros.
Así surcando los océanos de mi piel, pasando de un lugar a otro, navegando entre las olas de azulejos blancos en esa oscuridad iluminada por las estrellas velas que has colocado para mí, giras, apareces entre sueños, odalisca tierna que en hechizos me relajas: cierra los ojos me comentas, tus manos caen sobre mi espalda. Te has convertido en la DJ de mis discos, uno por uno los mezclas, escuchas en tus audífonos el tronar de una de mis tristezas que resquebrajadas se arrastran para no morir a tus pies. Me usas como tornamesa, subes mi volumen, gimo, estallo, tiemblo, tiemblan todos en esta orgía musical, electrónica, sensorial en que has convertido mi espalda. Retiras los discos de mi columna, de dos en dos los limpias con el pañuelo de tus dedos y el aceite que les colocas les devuelve el brillo, vinílicos, acetatos de colección, los enmarcas y en la pared de mi cuerpo los reinsertas para el asombro de quien los mire. Toda tu palma, toda presionando botones, aumentando graves, disminuyendo aquí y allá, para que esto o aquello suene mejor, para que esté mejor calibrado, para que deje de ser una tornamesa y se convierta en violonchelo afinado al cual podrías abrazarte, tocar una serenata a la Coyolxauqui, ritmos aztecas vibran ahora en el estéreo de la habitación.
Esta mujer es una diosa pienso, una madre. Coatlicue que haces fértil con tu vida y muerte al verterte sobre este mortal al que acaricias. ¡Toma mis brazos madre! quiero gritar, pero antes de que lo haga, ya te has vuelto hilandera que fluida vas tejiendo sin detenerte un telar para el sol.
Son mis brazos la urdimbre, mis dedos la trama, ella urde la trama cual bohemia escritora que apenas roza las teclas imprimiendo a tinta fresca la historia de su vida, la tela en que nos teje. Que ir y venir pienso, casi parece que la acaricio cuando ella vuelta mar me obliga a tenerla y dejarla ir una y otra vez, mis manos apenas sienten el calor de su antebrazo cuando este se ha ido dejándola para volverla a tener, por unos instantes parece que soy humano, que soy yo quien camina, pero es ella la titiritera que hábilmente jala los tejidos de mis brazos.
Casi quiero creer que nací aquí y aquí voy a morirme...
No, sé que esto tendrá su final, lo preveo, no lo pienso. Torrentes de aire blanco me inundan, expiro mi conciencia. Voltéate dice, lo consigo, no sé cómo, mi cuerpo no me pertenece, soy sólo por sus palabras y sus manos. Volteado estoy, ella continua con este placentero viaje que me recorre, se entrega, se otorga de una manera que son sus brazos máquinas corazón que sacan copias, aplanan, aplastan, ensamblan, pero siempre al pulso de su latido y con la sonrisa entrevista de su pasión.
Mi pecho se abre al contacto, expulsando los rencores y las dudas, cuanto dolor puede albergar el espacio entre mi pecho, no lo sé, es un contenedor sin fondo, pero como todo contenedor, puede ser vaciado, ella lo hace, lo lava por dentro con su jabón eternidad, me arropa y me deja a secar. El corazón tirita de frío y ella lo abraza hasta que calmado vuelve a su lugar; a luchar.
Ha llegado a mi rostro, el rostro es la mejor parte, sus dedos van poniendo puntos sobre mi barbilla, los bellos que habitan verdes el valle de mi rostro se enervan al sentirla cerca, la presienten y cantan. Es ella la doncella que habita el castillo de mi nariz cuando la hace vibrar en tonos guinda en aquel tiempo francés. Los timbales de mis oídos por un tiempo cesan su constante chocar, hay silencio, el verdadero silencio que sólo otorgan las sordinas de sus palmas en flor. Mismas que deshojándose quedan tallos, mueren, son fantasmas que en sombras se deslizan hasta mis ojos, cubriendo. El cristalino pide la mano de la retina y arrasan la pista con el tango que destila poco a poco el fonógrafo que cóncavo se ha colocado sobre mis pupilas. Mis nervios ópticos se tornan calmos ópticos, todo es uno, el uno es todo, somos uno, cuanta intimidad sin una gota de erotismo. Mis cabellos, ella toma mis cabellos, los aprieta, está por terminar, termina en un orgasmo de fuerza, jalando el moño con que concluye la decoración de mi cuerpo.
Relajado, maduro, fermentado en las barricas de su casa, soy un vino de alta calidad, de racimos plantados por el mismo Dionisos, cortados y aplastados por expertos a la antigua en las campiñas de la más fresca de las viñas... me entrega para la vendimia, envuelto en sus manos con el moño de su mirar.
Me observa como una niña tierna que ha hecho un pastel para su padre y espera el veredicto: ¿te gustó?
Yo no tuve palabras, pero ahora que las tengo y te las regalo. Sólo espero el momento en que aquel milagro se vuelva a producir.
(Un masaje como el que recibí ayer de tus manos es arte para un sólo público cuya ovación es un simple gracias y tal vez una recomendación, unas palabras con las cuales estoy seguro, me quedo corto...)
Ella llega y con ella la música, sus palabras se funden en el aire mientras que posa sus manos sobre mi espalda baja, mueren mil aves negras en el instante en que me indica que este masaje no está destinado al dolor. Nacen millones multicolores al primer contacto de sus yemas con mis piernas. Maternalmente me descubre un fragmento de mi velado cuerpo y lo toca, no, error, Mariana no toca, interpreta mi piel, presiona gentilmente las cuerdas de mi cuerpo tensando y destensando, una a una, las hace vibrar sutilmente; música de iglesia de pueblo, menos barroca que la de catedral, sencilla y por tanto más hermosa, escuchada por tan pocos, que quizás sea más especial.
Mi cuerpo es el arpa en el que ella deposita sus melancolías con fuerza, pero nunca con desdén. Es su masaje arte plasmado en los resquicios de mi más intima soledad, ahí donde hace veintidós años nadie pulsaba, o al menos no con la precisión del relojero y el frenesí del loco que a ella le acompañan.
No es un masaje erótico pero despierta placeres recónditos que en nada se vinculan con el sexo, cada fibra danza al distenderse de la contigua, danza y se estira despertando de su letargo. Baja el zipper de mi piel, la pone a tender y le pregunta a mis músculos ¿cómo es que por tanto tiempo se han olvidado de ti? No hay justicia en esto, agrega mientras los besa con sus palmas amorosamente.
No sé cómo ni cuándo, (ya que el tiempo no tiene sentido cuando el amor hacen a tus pies, tobillos, muslos, rodillas y entrepiernas), de pronto se encuentra sobre mis nalgas, las cuales se postran ante la diosa que desde los cielos con su dedo pinta atardeceres. Jardinera que arranca la malahierba y siembra sobre los ríos de articulaciones lirios que nadando vayan portando el mensaje de su paz. Masajista alfarera, anciana doña rosa de Oaxaca que con tus manos rebosantes de barro y sin torno me tomas de la tierra y por tus esfuerzos cobro vida nuevamente. Me moldeas, pules, sacas brillo de mi piel seca, me haces olla artesanal, regalas contornos, dibujas flores, tallas y presionas con tus falanges que irradian la sabiduría de tus ancestros.
Así surcando los océanos de mi piel, pasando de un lugar a otro, navegando entre las olas de azulejos blancos en esa oscuridad iluminada por las estrellas velas que has colocado para mí, giras, apareces entre sueños, odalisca tierna que en hechizos me relajas: cierra los ojos me comentas, tus manos caen sobre mi espalda. Te has convertido en la DJ de mis discos, uno por uno los mezclas, escuchas en tus audífonos el tronar de una de mis tristezas que resquebrajadas se arrastran para no morir a tus pies. Me usas como tornamesa, subes mi volumen, gimo, estallo, tiemblo, tiemblan todos en esta orgía musical, electrónica, sensorial en que has convertido mi espalda. Retiras los discos de mi columna, de dos en dos los limpias con el pañuelo de tus dedos y el aceite que les colocas les devuelve el brillo, vinílicos, acetatos de colección, los enmarcas y en la pared de mi cuerpo los reinsertas para el asombro de quien los mire. Toda tu palma, toda presionando botones, aumentando graves, disminuyendo aquí y allá, para que esto o aquello suene mejor, para que esté mejor calibrado, para que deje de ser una tornamesa y se convierta en violonchelo afinado al cual podrías abrazarte, tocar una serenata a la Coyolxauqui, ritmos aztecas vibran ahora en el estéreo de la habitación.
Esta mujer es una diosa pienso, una madre. Coatlicue que haces fértil con tu vida y muerte al verterte sobre este mortal al que acaricias. ¡Toma mis brazos madre! quiero gritar, pero antes de que lo haga, ya te has vuelto hilandera que fluida vas tejiendo sin detenerte un telar para el sol.
Son mis brazos la urdimbre, mis dedos la trama, ella urde la trama cual bohemia escritora que apenas roza las teclas imprimiendo a tinta fresca la historia de su vida, la tela en que nos teje. Que ir y venir pienso, casi parece que la acaricio cuando ella vuelta mar me obliga a tenerla y dejarla ir una y otra vez, mis manos apenas sienten el calor de su antebrazo cuando este se ha ido dejándola para volverla a tener, por unos instantes parece que soy humano, que soy yo quien camina, pero es ella la titiritera que hábilmente jala los tejidos de mis brazos.
Casi quiero creer que nací aquí y aquí voy a morirme...
No, sé que esto tendrá su final, lo preveo, no lo pienso. Torrentes de aire blanco me inundan, expiro mi conciencia. Voltéate dice, lo consigo, no sé cómo, mi cuerpo no me pertenece, soy sólo por sus palabras y sus manos. Volteado estoy, ella continua con este placentero viaje que me recorre, se entrega, se otorga de una manera que son sus brazos máquinas corazón que sacan copias, aplanan, aplastan, ensamblan, pero siempre al pulso de su latido y con la sonrisa entrevista de su pasión.
Mi pecho se abre al contacto, expulsando los rencores y las dudas, cuanto dolor puede albergar el espacio entre mi pecho, no lo sé, es un contenedor sin fondo, pero como todo contenedor, puede ser vaciado, ella lo hace, lo lava por dentro con su jabón eternidad, me arropa y me deja a secar. El corazón tirita de frío y ella lo abraza hasta que calmado vuelve a su lugar; a luchar.
Ha llegado a mi rostro, el rostro es la mejor parte, sus dedos van poniendo puntos sobre mi barbilla, los bellos que habitan verdes el valle de mi rostro se enervan al sentirla cerca, la presienten y cantan. Es ella la doncella que habita el castillo de mi nariz cuando la hace vibrar en tonos guinda en aquel tiempo francés. Los timbales de mis oídos por un tiempo cesan su constante chocar, hay silencio, el verdadero silencio que sólo otorgan las sordinas de sus palmas en flor. Mismas que deshojándose quedan tallos, mueren, son fantasmas que en sombras se deslizan hasta mis ojos, cubriendo. El cristalino pide la mano de la retina y arrasan la pista con el tango que destila poco a poco el fonógrafo que cóncavo se ha colocado sobre mis pupilas. Mis nervios ópticos se tornan calmos ópticos, todo es uno, el uno es todo, somos uno, cuanta intimidad sin una gota de erotismo. Mis cabellos, ella toma mis cabellos, los aprieta, está por terminar, termina en un orgasmo de fuerza, jalando el moño con que concluye la decoración de mi cuerpo.
Relajado, maduro, fermentado en las barricas de su casa, soy un vino de alta calidad, de racimos plantados por el mismo Dionisos, cortados y aplastados por expertos a la antigua en las campiñas de la más fresca de las viñas... me entrega para la vendimia, envuelto en sus manos con el moño de su mirar.
Me observa como una niña tierna que ha hecho un pastel para su padre y espera el veredicto: ¿te gustó?
Yo no tuve palabras, pero ahora que las tengo y te las regalo. Sólo espero el momento en que aquel milagro se vuelva a producir.
(Un masaje como el que recibí ayer de tus manos es arte para un sólo público cuya ovación es un simple gracias y tal vez una recomendación, unas palabras con las cuales estoy seguro, me quedo corto...)
jueves, 23 de julio de 2009
Un baño
Estoy tan sucio de normalidad que deseo bañarme diario con agua de poesía, jabón eternidad, toalla palabra tierna arropa ante el frío de la cotidianidad.
martes, 21 de julio de 2009
La mirada distinta
Es lo primero que cambia cuando te rompen el corazón, de tajo. Decepción de ti o de ella, de ella contigo, contigo sin ella, todos esos sesos que fuimos seríamos nosotros. Ellos, los de fuera dentro. ¿Quién lo sabe?
El caso es que cambia.
Se afilan los rasgos;
tu semblante ante y antes de ti
desfigura en triste.
Algunos que bien te conocen lo reconocen se reconocen, lo saben, les ha pasado.
"Tienes la mirada distinta." ó "Creciste, no en estatura, maduraste." Aseveraciones tales significan que has dejado fallecer un gajo de tu ser (Luis Xavier) súbitamente. Eres soy un asesino. Posible-im meditar retroceder, eres otro.
Otro miras, sientes difefefefefeferente. Hasta podría decir que tienes otros referentes. ¿Sientes? Es tarde.
El caso es que cambia.
Se afilan los rasgos;
tu semblante ante y antes de ti
desfigura en triste.
Algunos que bien te conocen lo reconocen se reconocen, lo saben, les ha pasado.
"Tienes la mirada distinta." ó "Creciste, no en estatura, maduraste." Aseveraciones tales significan que has dejado fallecer un gajo de tu ser (Luis Xavier) súbitamente. Eres soy un asesino. Posible-im meditar retroceder, eres otro.
Otro miras, sientes difefefefefeferente. Hasta podría decir que tienes otros referentes. ¿Sientes? Es tarde.
viernes, 17 de julio de 2009
Seda
Te imagino en tu cuarto.
Decorada.
Roja seda, tu cuerpo. Delineada en mis contornos,
acostada soñando quien sabe qué cosa.
Sonrojada ante mis palabras.
Un tanto incómoda.
Quizás no gustas ser imaginada en tu cuarto acostada... en seda envuelta, sonrojada.
Lo siento.
Inevitable es que lo haga como inevitable pienso: eres bonita.
Aparto recuerdos como discos vinílicos sobre la alfombra, desempolvo. Apareces, negro vestida, invitas al rostro a volver, te enredas en el follaje de las memorias.
Describirte garabateando. Dibujarte con la frescura de quien tiene toda la tarde, toda una vida. Toda tres vidas.
Un videocassete antiguo vacío, cámara digital. No cabe, no importa, lo hacemos caber, juntos lo incrustamos, grabamos. Corte, se queda.
Ven, siéntate y reposa callada o sonriente.
Permite a mis brazos envolverte de frente o de lado.
Háblame.
Ve.
Reposa.
Se mañana aun más hermosa.
Olvidé la noche en tus ojos, ¿me la devuelves la próxima vez que te vea?
Roja seda te cubre una noche más.
Imaginación y voz para buscarte una vez más en el vacío de un tal vez esta semana.
Despierta temprano.
Sédame. Yo sé que en darme tu ser cristalizas el vitral que soñamos al verdor de aquella tarde.
Mujer diáfana, divertida. . . Caminas de mi brazo tomada, destino incierto, quizás te sonroje más si te pido nuevamente un beso...
Decorada.
Roja seda, tu cuerpo. Delineada en mis contornos,
acostada soñando quien sabe qué cosa.
Sonrojada ante mis palabras.
Un tanto incómoda.
Quizás no gustas ser imaginada en tu cuarto acostada... en seda envuelta, sonrojada.
Lo siento.
Inevitable es que lo haga como inevitable pienso: eres bonita.
Aparto recuerdos como discos vinílicos sobre la alfombra, desempolvo. Apareces, negro vestida, invitas al rostro a volver, te enredas en el follaje de las memorias.
Describirte garabateando. Dibujarte con la frescura de quien tiene toda la tarde, toda una vida. Toda tres vidas.
Un videocassete antiguo vacío, cámara digital. No cabe, no importa, lo hacemos caber, juntos lo incrustamos, grabamos. Corte, se queda.
Ven, siéntate y reposa callada o sonriente.
Permite a mis brazos envolverte de frente o de lado.
Háblame.
Ve.
Reposa.
Se mañana aun más hermosa.
Olvidé la noche en tus ojos, ¿me la devuelves la próxima vez que te vea?
Roja seda te cubre una noche más.
Imaginación y voz para buscarte una vez más en el vacío de un tal vez esta semana.
Despierta temprano.
Sédame. Yo sé que en darme tu ser cristalizas el vitral que soñamos al verdor de aquella tarde.
Mujer diáfana, divertida. . . Caminas de mi brazo tomada, destino incierto, quizás te sonroje más si te pido nuevamente un beso...
martes, 14 de julio de 2009
Trás del café chino
Dandelion: El arte es pretencioso, imposible alcanzarlo, inevitable dudar su fatua condición, su efímera, cuestionable, subjetiva y putísima condición. ¡Mira cómo se prostituye el arte por la caricia de las palmas!
Fix: Yo quiero hacer arte.
Dandelion: Quieres hacer obras que sean consideradas arte, que te llamen artista, pero ¿de qué sustancia está hecho el arte? ¿Cómo carajo vas a hacer arte? Batiendo sangre en una licuadora junto con algunos de tus textos y un buen trozo de nalga, sí puede ser, “sírvase flameado” podrías agregar en la carta de tu platillo llamado ¡EL ARTE!... Nunca frío.
Fix: Algunos críticos han llamado arte a las últimas cosas que he hecho, lo he escuchado por la calle, me lo dijo mi mejor amigo, el mundo ha visto mis ideas, les convence, les llena, les mueve una fibra, es importante, y con el paso del tiempo seguirá caliente y bullendo en la sangre de la gente, es así que uno sabe lo que es o no es arte, por su ebullición constante, porque no puede enfriarse.
Dandelion: Todo artista es un intento fallido de lograr la perfección. ¿No te encanta esa palabra? El arte. A erre Te. Aerrete. Sí.
Fix: te extraño
Dandelion: extrañas amarrarme
Fix: no quiero amarrarte
Dandelion: a mí no, quieres amar el arte, amar R arte y yo estoy cansado de ser la erre entre tu amor al arte
Fix: estas gordo, ya no podría amarrarte ni aunque quisiera
Dandelion: estoy bofo, y sabes, el problema no es solo tu deseo de amarrarme, no. El problema son los derivados del arte, y no me refiero solo a esos truculentos vericuetos como: artesanía, artificio, artilugio, no, no. Me refiero a enamorarte, generarte, dañarte, mearte, cagarte, fijarte, masajearte, tocarte, enamorarte, dañarte, generarte, fijarte, pensarte, arte, por todas partes, el arte nos asfixia.
Fix: …rodearte…
Dandelion: Rodearte, si, cualquier verbo puede convertirse en arte. Solo tienes que agregarle el sufijo y listo, el verbo va dirigido a ti y se vuelve una acción continua, tortuosa, imaginaria, que flota en la indefinición. No es: te estoy tocando ni: te toqué, te toco, ¡tócame! Es siempre: voy a tocarte, o me gusta tocarte, o tocarte es un placer. ¿Has visto? Odio celarte.
Fix: ¿Con quién estabas ayer? ¿Hoy? ¿Dónde estarás mañana?
Dandelion: con la musa
Fix: ¿Cuánto te cobró la musa?
Dandelion: No me cobra cuando baja, solo cuando la llamo y se está bañando
Fix: ¿Cuánto?
Dandelion: un dinar, tres morlacos, seis peniques, cuatro chelines y diez mil de esas moneditas que salen en tus obras de teatro extranjeras y vetustas
Fix: ¿tienes una galleta?
Dandelion: dos
Fix: ¿me das una?
Dandelion: escoge una mano
Fix: la izquierda
Dandelion: siniestra
Fix: no me has dicho cuando te vas
Dandelion: ¿qué salió?
Fix: no voy a buscarte si no me das tu dirección
Dandelion: ¿y bien?
Fix: eres un egoísta, y todo lo planeas sin consultarme, todo son trampas en idiomas perplejos
Dandelion: complejos my Darling, ¿me das el papelito?
Fix: estás cayendo al vacío, pero observa con atención y verás que caer es una forma de volar
Dandelion: surcar los aires
Fix: me gustaban más tus papelitos de antes
Dandelion: necesito comer
Fix: te has vuelto un escritor mediocre, una puta por la caricia de los billetes, al menos yo lo hago por las palmas
Dandelion: esta enfermedad de la supervivencia nos delata
Fix: “esta enfermedad de la supervivencia nos delata” que decepción, dile a yuan que mañana no voy a poder venir
Dandelion: ¡Yuan! ¡Dice Fix que mañana tiene función de sus títeres en el boulevard de los sueños rotos por unos cuantos morlacos! ¡Ah y que limpies tú mismo los pescados! …estas despedida.
Fix: tú no puedes despedirme
Dandelion: claro que puedo, observa mientras lo hago: Señorita Fix, su compañía me ha sido muy grata pero tengo que continuar trabajando, sé que no es esta la despedida que usted se merece pero… no tengo el suficiente dinero ni la dignidad para comprar un par de botines y un sombrero así que no me haga sufrir más y váyase.
Fix: despedirte no es lo de antes, despedazarnos y luego irte
Dandelion: bingo, se queda, eso va en la siguiente galleta de la fortuna. A ver a que molusco le arruina el día
Fix: Yo quiero hacer arte.
Dandelion: Quieres hacer obras que sean consideradas arte, que te llamen artista, pero ¿de qué sustancia está hecho el arte? ¿Cómo carajo vas a hacer arte? Batiendo sangre en una licuadora junto con algunos de tus textos y un buen trozo de nalga, sí puede ser, “sírvase flameado” podrías agregar en la carta de tu platillo llamado ¡EL ARTE!... Nunca frío.
Fix: Algunos críticos han llamado arte a las últimas cosas que he hecho, lo he escuchado por la calle, me lo dijo mi mejor amigo, el mundo ha visto mis ideas, les convence, les llena, les mueve una fibra, es importante, y con el paso del tiempo seguirá caliente y bullendo en la sangre de la gente, es así que uno sabe lo que es o no es arte, por su ebullición constante, porque no puede enfriarse.
Dandelion: Todo artista es un intento fallido de lograr la perfección. ¿No te encanta esa palabra? El arte. A erre Te. Aerrete. Sí.
Fix: te extraño
Dandelion: extrañas amarrarme
Fix: no quiero amarrarte
Dandelion: a mí no, quieres amar el arte, amar R arte y yo estoy cansado de ser la erre entre tu amor al arte
Fix: estas gordo, ya no podría amarrarte ni aunque quisiera
Dandelion: estoy bofo, y sabes, el problema no es solo tu deseo de amarrarme, no. El problema son los derivados del arte, y no me refiero solo a esos truculentos vericuetos como: artesanía, artificio, artilugio, no, no. Me refiero a enamorarte, generarte, dañarte, mearte, cagarte, fijarte, masajearte, tocarte, enamorarte, dañarte, generarte, fijarte, pensarte, arte, por todas partes, el arte nos asfixia.
Fix: …rodearte…
Dandelion: Rodearte, si, cualquier verbo puede convertirse en arte. Solo tienes que agregarle el sufijo y listo, el verbo va dirigido a ti y se vuelve una acción continua, tortuosa, imaginaria, que flota en la indefinición. No es: te estoy tocando ni: te toqué, te toco, ¡tócame! Es siempre: voy a tocarte, o me gusta tocarte, o tocarte es un placer. ¿Has visto? Odio celarte.
Fix: ¿Con quién estabas ayer? ¿Hoy? ¿Dónde estarás mañana?
Dandelion: con la musa
Fix: ¿Cuánto te cobró la musa?
Dandelion: No me cobra cuando baja, solo cuando la llamo y se está bañando
Fix: ¿Cuánto?
Dandelion: un dinar, tres morlacos, seis peniques, cuatro chelines y diez mil de esas moneditas que salen en tus obras de teatro extranjeras y vetustas
Fix: ¿tienes una galleta?
Dandelion: dos
Fix: ¿me das una?
Dandelion: escoge una mano
Fix: la izquierda
Dandelion: siniestra
Fix: no me has dicho cuando te vas
Dandelion: ¿qué salió?
Fix: no voy a buscarte si no me das tu dirección
Dandelion: ¿y bien?
Fix: eres un egoísta, y todo lo planeas sin consultarme, todo son trampas en idiomas perplejos
Dandelion: complejos my Darling, ¿me das el papelito?
Fix: estás cayendo al vacío, pero observa con atención y verás que caer es una forma de volar
Dandelion: surcar los aires
Fix: me gustaban más tus papelitos de antes
Dandelion: necesito comer
Fix: te has vuelto un escritor mediocre, una puta por la caricia de los billetes, al menos yo lo hago por las palmas
Dandelion: esta enfermedad de la supervivencia nos delata
Fix: “esta enfermedad de la supervivencia nos delata” que decepción, dile a yuan que mañana no voy a poder venir
Dandelion: ¡Yuan! ¡Dice Fix que mañana tiene función de sus títeres en el boulevard de los sueños rotos por unos cuantos morlacos! ¡Ah y que limpies tú mismo los pescados! …estas despedida.
Fix: tú no puedes despedirme
Dandelion: claro que puedo, observa mientras lo hago: Señorita Fix, su compañía me ha sido muy grata pero tengo que continuar trabajando, sé que no es esta la despedida que usted se merece pero… no tengo el suficiente dinero ni la dignidad para comprar un par de botines y un sombrero así que no me haga sufrir más y váyase.
Fix: despedirte no es lo de antes, despedazarnos y luego irte
Dandelion: bingo, se queda, eso va en la siguiente galleta de la fortuna. A ver a que molusco le arruina el día
lunes, 13 de julio de 2009
Es curioso
Es curioso esto que siento en el pecho.
No pude dormir.
Un aleteo.
Giro sobre mis sábanas buscando el punto exacto donde poder amodorrarme.
El cardenal que habita mis latidos tiene hambre.
No lo encontré.
Es curioso. Palpitan articulaciones, saltan venas; ¡quieren salir por pies! Arrancarse, desprenderse y bailar. En la pista en la que se ha convertido mi cuerpo, danzan mis venas y tu con ellas. Las coges de la cintura, besas su cuello, metes tu pierna entre ellas en seductora pose de tango; estallan al compás del último compás. ¡Pero qué milonga! ¡Pero qué sensualidad!
Una blusa roja. Bajo la cual un brassiere rojo. Bajo el cual unos senos rojos también. ¿Así que te has puesto de acuerdo con mis venas para vestir a la par? Habérmelo dicho antes, cuanta desconsideración, no venía yo preparado.
Es cosa de dejarlo para después. Dejar que el tiempo empiece cejando las horas hasta el próximo encuentro.
El corazón a gas, mil por hora, dos tiempos, dos cuentos, un tango que se ha vuelto aleteo, las venas vuelven al cauce y son río. Un cardenal aleteando en mi cuerpo, es verdad que no puedo dormir, giro y me estrello contra las rocas de mi cama, el oleaje horas después me avienta agotado, habiendo tragado tanta sal, deposita el cuerpo arremolinado sobre arena caliente a soñar.
Un aleteo.
No puedo dormir.
Mis venas están entrenando para el concurso internacional de tango.
Tiempo.
Días.
Estarán listas.
Sacrificar el sueño por un sueño...
Es curioso esto que siento en el pecho.
No pude dormir.
Un aleteo.
Giro sobre mis sábanas buscando el punto exacto donde poder amodorrarme.
El cardenal que habita mis latidos tiene hambre.
No lo encontré.
Es curioso. Palpitan articulaciones, saltan venas; ¡quieren salir por pies! Arrancarse, desprenderse y bailar. En la pista en la que se ha convertido mi cuerpo, danzan mis venas y tu con ellas. Las coges de la cintura, besas su cuello, metes tu pierna entre ellas en seductora pose de tango; estallan al compás del último compás. ¡Pero qué milonga! ¡Pero qué sensualidad!
Una blusa roja. Bajo la cual un brassiere rojo. Bajo el cual unos senos rojos también. ¿Así que te has puesto de acuerdo con mis venas para vestir a la par? Habérmelo dicho antes, cuanta desconsideración, no venía yo preparado.
Es cosa de dejarlo para después. Dejar que el tiempo empiece cejando las horas hasta el próximo encuentro.
El corazón a gas, mil por hora, dos tiempos, dos cuentos, un tango que se ha vuelto aleteo, las venas vuelven al cauce y son río. Un cardenal aleteando en mi cuerpo, es verdad que no puedo dormir, giro y me estrello contra las rocas de mi cama, el oleaje horas después me avienta agotado, habiendo tragado tanta sal, deposita el cuerpo arremolinado sobre arena caliente a soñar.
Un aleteo.
No puedo dormir.
Mis venas están entrenando para el concurso internacional de tango.
Tiempo.
Días.
Estarán listas.
Sacrificar el sueño por un sueño...
Es curioso esto que siento en el pecho.
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